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| Distr. GENERALE/CN.4/1999/6 22 de octubre de 1998 ESPAÑOL Original: INGLÉS |
Tengo el honor de adjuntar una carta firmada por el Ministro de Finanzas y Economía de la República del Sudán referente al ataque estadounidense contra una fábrica de productos farmacéuticos situada en Jartúm, Sudán, el 20 de agosto de 1998. Como podrá ver por la carta, los Estados Unidos de América han emprendido una serie de acciones contra el Sudán que impiden claramente el desarrollo y el bienestar económico de su población. Estas acciones violan de manera evidente muchos principios humanos fundamentales, entre ellos el derecho al desarrollo. También son una clara manifestación de medidas coercitivas unilaterales, y actos que impiden el disfrute de los derechos a la vida, la salud, el trabajo y la lucha contra la pobreza.
Le ruego tenga a bien distribuir la carta como documento oficial del 55º período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos.
Como ustedes saben, los Estados Unidos de América llevaron a cabo un ataque aéreo furtivo el 20 de agosto de 1998 contra una fábrica de productos farmacéuticos situada en Jartúm. La fábrica quedó completamente destruida y la zona circundante, que tiene gran densidad de población, ha sido afectada gravemente por la explosión.
Las estimaciones preliminares del valor de los bienes destruidos asciende a 40 millones de dólares de los EE.UU.; 309 empleados han perdido sus trabajos y uno de ellos murió después del ataque. Además, el Sudán tiene que importar aproximadamente el 50% de sus necesidades de productos farmacéuticos que antes suministraba dicha fábrica. Por otra parte se han perdido los posibles ingresos de la exportación de medicamentos. El ataque de los Estados Unidos ha socavado también gravemente el ambiente para las inversiones, que el Gobierno apoya eficazmente con sus actuales políticas y programas económicos.
La administración estadounidense ha afirmado oficialmente sus denuncias de que "la fábrica produce armas químicas y es propiedad de Osama Ben Laden", un hombre de negocios procedente de la Arabia Saudita que vive en el Afganistán y ha sido acusado de actos de terrorismo contra los Estados Unidos.
El Gobierno del Sudán ha reafirmado que la fábrica es de propiedad privada y está registrada como empresa de responsabilidad limitada en virtud de la Ley de empresas de 1925 del Sudán y que era una de las empresas de mayor éxito en nuestro sector industrial. Estaba financiada parcialmente por el Banco de la Zona de Comercio Preferencial para los Estados de África Oriental y Meridional por un volumen de 5,6 millones de dólares de los EE.UU..
La fábrica estaba construida exclusivamente para producir medicamentos, incluidos los medicamentos de mayor necesidad vital, tales como los antipalúdicos y antibióticos, y para exportar preparados médicos y veterinarios a los países vecinos. A este respecto había firmado recientemente un contrato con el Programa de las Naciones Unidas para el suministro de medicamentos esenciales al Iraq.
Varios ingenieros, arquitectos y expertos, incluidos un experto británico y otro americano, que contribuyeron a la construcción de la fábrica han declarado inequívocamente que no estaba equipada ni tenía la capacidad para producir ningún tipo de armas químicas.
Otros arquitectos, incluidos tres jordanos que habían participado en la construcción de la fábrica, han refutado las acusaciones de los Estados Unidos y han reafirmado que la fábrica no estaba destinada a producir armas químicas. También han refutado la acusación que la vincula al disidente saudí Osama Ben Laden.
En las circunstancias actuales consideré que debía informarle acerca de la situación causada por las actitudes hostiles de los Estados Unidos contra el Sudán, que en su día culminaron en una agresión militar abierta.
En 1989, los Estados Unidos de América comenzaron a ejercer presión contra el Sudán en distinta medida, con una serie de acciones y actitudes hostiles destinadas a aislar al país política y económicamente de la comunidad mundial.
Esas actitudes hostiles se manifestaron inicialmente por la suspensión de los envíos de trigo al Sudán, a lo que siguieron tentativas de contrarrestar los esfuerzos para llegar a una solución pacífica del conflicto en el Sudán meridional, tal como lo demostró el resultado de las conversaciones de Abuja y las conversaciones ulteriores celebradas con la Autoridad Gubernamental sobre Desarrollo en Nairobi y Addis Abeba.
Los Estados Unidos de América fueron aumentando sus esfuerzos gradualmente para socavar la posición del Sudán en las instituciones financieras internacionales, incluso mediante tentativas para suspender la condición de miembro del Sudán en instituciones tan vitales como el Fondo Monetario Internacional, junto con la clausura de todo tipo de préstamos y donaciones de los organismos y donantes financieros.
Para 1993, la campaña de los Estados Unidos contra el Sudán se había convertido en una ruptura abierta, dado que los Estados Unidos incluyeron al Sudán en la lista de países acusados de proteger el terrorismo. A esta medida siguió la imposición de un embargo comercial y económico contra el Sudán.
Tomando una medida sin precedentes hasta entonces, los Estados Unidos decidieron declarar abiertamente la guerra contra el Sudán mediante la instigación de sus vecinos africanos que recibieron un generoso apoyo material para emprender acciones hostiles contra el Sudán. A este respecto, debo referirme al llamamiento hecho por el ex asesor de seguridad nacional de los Estados Unidos, Sr. Anthony Lake, refiriéndose a que era necesario contener al Sudán suministrando armas a algunos de sus vecinos. Resultó que el llamamiento del Sr. Lake era la política oficial de los Estados Unidos, como pudo verse cuando la administración estadounidense anunció que asignaba 20 millones de dólares de los EE.UU. para apoyar a los vecinos del Sudán.
En virtud de la misma política de la administración de los Estados Unidos, el movimiento rebelde del Sudán meridional siguió recibiendo apoyo militar, logístico y vital suministrado por los Estados Unidos, en una tentativa explícita de desestabilizar el Gobierno actual.
Tras haber descrito el desarrollo de las relaciones entre el Sudán y los Estados Unidos, quisiera asegurarle que el Gobierno del Sudán nunca ha participado en actividades terroristas. Lejos de promover y proteger el terrorismo, el Sudán ha sido realmente víctima de actos terroristas, incluido el secuestro de un avión del Sudán, así como varios incidentes graves de bombas en las zonas urbanas de Jartúm, y del peligro que representan las minas terrestres en sus territorios del sur y del este.
Pese a los auténticos esfuerzos efectuados por el Sudán para llegar a una solución con los Estados Unidos, todas las tentativas han sido inútiles. En este sentido, el Gobierno del Sudán ha publicado una declaración oficial que condena los ataques terroristas perpetrados recientemente contra las Embajadas de los Estados Unidos en Nairobi y Dar es Salaam. Sin tener en cuenta en modo alguno la buena voluntad del Sudán, la administración de los Estados Unidos ha enviado dos memorandos oficiosos al Sudán en los que expresa su deseo explícito de destruir la economía del Sudán.
En su calidad de firmante de todas las convenciones regionales e internacionales pertinentes, el Sudán es un país amante de la paz que busca apoyo de la comunidad internacional para protegerse de la grave infracción del derecho y las convenciones internacionales perpetrada por los Estados Unidos de América.
Habida cuenta de todo lo anterior, estimamos que el Sudán ha sido sometido de manera injustificable a injusticias y a agresiones y, por consiguiente, me he permitido aprovechar esta oportunidad para informarle acerca de los acontecimientos acaecidos recientemente y de sus antecedentes.
Confiamos en que esta cuestión sea examinada por ustedes en el nivel más alto, ya que la actitud de los Estados Unidos perjudica nuestras relaciones con el FMI.
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